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EL TANGO

 

No es un baile

ni una nostalgia, ni una desesperanza, es un querer vivir a pesar de todo.

 

El tango es el encuentro de dos exilios.

Es universal por ser la expresión inmemorial de la pareja,

a la vez parada nupcial y pasión desgarrada.

El tango fue inventado en Argentina por unos hombres venidos de afuera.

No abraza lo real, lo desafía y lo pietina.

Ver bailar el tango es ver desposarse dos espejismos.

Al principio uno no comprende el sentido de este baile y cuando por fin

se empieza a entender, ya se ha terminado y nos marchamos agotados,

frustrados pero con ganas de volver.

El tango se baila a dos por no bailarse a tres.

El tango es el baile de la duda, de la farsa contra el otro

que ronda a nuestro alrededor, en la sombra y en los tacos de los bailarines.

Tando que se sube a la cabeza,

tanguear hasta cabecear, cabecear sin pie ni cabeza.

El tango es mantenerse a pesar del rompimiento de los sentimientos,

a la batayola del corazón, arrancarse a la ola y sentir la tierra firme

escurrirse bajo los pies, entonces no nos queda más remedio que irnos,

marcharnos cabeceando, tagueando, tango....

 

Maria Amaral no ilustra el tango,

pinta su soplo, su olor y su jadeo

contenido hasta el grito.

 




La CORRIDA

Maria Amaral, una mujer escandalosa.

 

A la hora de las ligas por la virtud, por el orden moral, de las encíclicas sobre la pureza y la castidad, de la ecología apolítica, de las guerras quirúrgicas y de la prohibición hecha a los mendigos de ser arrogantes, una mujer, pintora, elige como tema de creación, la corrida. ¡Qué escándalo!

 

¡Maria Amaral es una mujer escandalosa! A la hora del clean y del soft, de la vuelta a la ropa interior de encaje y de los preservativos, a qué viene este arcaísmo, esta afición mórbida y reaccionaria, esta brutalidad sanguinolenta, en una palabra ¿qué significa esta carnicería y por qué una mujer, una madre, decide representarnos este crimen de decoro? ¿Qué hace una mujer en este ritual machista cuando las conquistas de las mujeres por su liberación flaquean? ¿A qué viene este gusto mórbido de una madre, además artista, por este derrame de sangre entre una bestia salvaje y un machito cuyo punto en común sea quizás el de tener cojones?

 

¿De qué se trata? ¿De corrida? No. De algo peor. Se trata de algo más escandaloso aún, ¡se trata del hombre y de su vida! Goya nos mostró la tragedia de la corrida, Picasso la ceremonia, Maria Amaral nos muestra el rito fusional. Con Goya es todavía un espectáculo, con Picasso es una ceremonia, un juego sagrado donde cada protagonista ocupa un lugar propio, mientras que con Maria Amaral es la con-fusión, la fusión con...Y es una mujer quien nos lo dice, quien nos lo muestra. Ya no hay distancia ni espacio entre la bestia y el hombre.

 

Ahí está el escándalo, y la corrida ya sólo es un medio, una metáfora que nos muestra el porvenir posible del hombre. La corrida es el resultado de dos principios, primero el de templar, acordar, apaciguar con lo cual el torero actua sobre la embestida del toro y lo ajusta a su propio juego y luego el de embestir, con lo cual el hombre al situarse en el eje de la embestida del animal le impone no sólo su ritmo sino también otra trayectoria que lo modifica en el tiempo y en el espacio, es el ardor salvaje contra la lentitud hierática.

 

Con Maria Amaral, más allá de la corrida, el rito se ha roto o está a punto de serlo. Es así como nos interpela y nos pregunta qué diferencia existe entre el hombre y la bestia. ¿Acaso sabemos hoy en día aplicar a nuestra vida los principios de la corrida? ¿Sabemos sosegar nuestro miedo para darle sentido?

 

Una mujer, una pintora, una artista nos muestra el rostro posible del que se niega a contestar. A la hora de la robotización y de la inteligencia artificial, Maria Amaral vuelve a plantear el problema del hombre dándole la definición del héroe tal y como lo había definido Caillois en 1936, “ Por definición el héroe es el que encuentra una solución, una salida lograda o malograda a la situación trágica”. Fascinados, seducidos, nuestra alegría se empapa de angustia, porque detrás de la belleza barroca, del lirismo de la luz y de la sombra aparece nuestro rostro confundido con el de la bestia. Un rito arcáico nos describe la situación del hombre, en el cruce de los caminos donde tiene que elegir cual será su rostro. La corrida no es arte, ni deporte, ni espectáculo, sino que tiene un punto en común con el artista, es allí donde se actua si el mundo es una plaza de toros. ¿quién es más escandaloso, el artista que se niega a ser un angel o el hombre que se vuelve bestia?

 



 

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